¿Qué debe saber realmente un niño?

¿Qué debe saber realmente un niño?

Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que, si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos.

Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad (Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida), pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.

Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en disímiles actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen “por su bien”.

El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.

Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:

  • Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.
  • Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.
  • Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate. Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.
  • Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.
  • Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.